Contrapesos al Poder Judicial. Alfa y Omega.
La justicia emana del pueblo. Con esta máxima constitucional, la ciudadanía queda vinculada al Poder Judicial desde su origen mismo, como su titular soberana. Y, al propio tiempo, se erige en destinataria final de su acción jurisdiccional a través de las resoluciones judiciales que le afectan directa o indirectamente. La ciudadana y el ciudadano de a pie, como principio y fin de este poder del estado. Alfa y Omega.
Por esto resulta tan relevante trabajar para mantener la credibilidad ciudadana en el Poder Judicial en cotas lo más altas posibles. Muchos son los escenarios en los que esa credibilidad puede ir quebrándose. Puede ser porque existan dudas sobre la actividad jurisdiccional; si responde de forma desigual en función de la clase social, con falta de equidad en cuestiones de género o por servilismo ante los poderes fácticos -económico, mediático, religioso, tecnológico...- o si se perciben desajustes de equilibrio en su relación con los otros dos poderes del Estado que deprecien la democracia…
Los indicadores de percepción ciudadana actúan como un termómetro que orientan en la medición de la salud del sistema judicial y, cuando arrojan datos negativos, deben operar como una señal de alerta que exige la atención activa tanto de la ciudadanía como de las propias instituciones.
Los indicadores de percepción ciudadana sobre la Justicia en este año 2026 no son positivos. De ahí la necesidad de ir construyendo un diagnóstico completo. Tengo claro que el debate no puede ser silenciado ni arrinconado, por muy incómodo que nos resulte a las personas y a las instituciones directamente involucradas. No podemos, ni debemos, caer en la tentación de mirar hacia otro lado esperando que la tormenta se disipe por el mero transcurso del tiempo.
Muy al contrario, la sensatez exige someter a revisión la responsabilidad, el peso y los límites del Poder Judicial , sin que eso suponga un ejercicio de desafección institucional sino todo lo contrario, un acto de madurez democrática.
Y en esa tarea, los juristas tenemos la ineludible obligación de hacer autocrítica, para después explicar a la ciudadanía. La justicia no es un misterio reservado a iniciados, sino un servicio público que se legitima en la medida en que es comprendido y compartido. La ciudadanía debe ser partícipe activa del análisis, de los diagnósticos y de las soluciones, no como espectadora pasiva, sino como protagonista de un debate que le pertenece.
Las democracias no son realidades estáticas, sino construcciones dinámicas que se perfeccionan en el día a día. Los resortes democráticos, como son el sistema de frenos, controles y contrapesos que permite la relación de equilibrio entre los tres poderes del Estado, están diseñados precisamente para ser examinados, cuestionados y, en su caso, reforzados. Una reflexión crítica no invalida nuestro modelo ni supone una enmienda a la totalidad.
Compartiré en este blog ideas acerca de contrapesos que pueden ser implementados para limitar ese exceso de poder al que se refería Montesquieu: "Es una experiencia eterna que el poder se extiende hasta donde encuentra límites."
La vigilancia atenta, la crítica constructiva y la exigencia de rendición de cuentas por parte de la ciudadanía o las instituciones no son síntomas de desconfianza, sino ejercicios de madurez democrática.
Ese es el espíritu con el que abro esta conversación en El peso de Júpiter, con honestidad intelectual y respeto institucional. Un espacio sosegado que se ofrece al ya abierto debate público sobre el anhelo de un Poder Judicial en equilibrio con el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Un deseo generoso, ético, y político que descansa en la justicia más responsable, imparcial y ecuánime que podamos construir entre todas.