“Cultura del miedo” sobre las personas migrantes. 25 preguntas y respuestas rápidas para salir de dudas.

1. Qué es el miedo? El miedo es una emoción natural en el ser humano que se genera ante la percepción de un peligro que puede ser real o imaginario. Pero cuidado que también puede ser una emoción creada o instigada de forma artificial para generar un estado de alerta permanente que beneficie a quienes lo impulsan.

2. ¿Es posible sentir miedo y no ser conscientes de ello? Sí, es bastante común. El miedo puede estar presente sin que lo reconozcamos porque se camufla, entre otras, detrás de la inseguridad, el estrés, la ansiedad, los pensamientos obsesivos, la parálisis física, la rabia, el enfado, la ira, las fobias, la falta de empatía, la agresividad, la violencia, los discursos de odio o el rechazo colectivo hacia grupos concretos.

3. ¿Puede sentirse miedo contra colectivos de personas? Sí. El miedo se puede proyectar sobre grupos sociales que se perciben como desconocidos, diferentes o amenazantes. Esto se explica a través de la Teoría de la Otredad, que describe la tendencia a dividir el mundo entre un "nosotros" -los conocidos, los de dentro- y un "ellos" -los extraños, los de fuera-. El miedo surge cuando a "ellos" se les atribuye intenciones hostiles o la capacidad de poner en peligro nuestra forma de vida.

4. ¿Qué consecuencias políticas ha tenido históricamente la Teoría de la Otredad? Históricamente, la otredad es una de las herramientas de las que se han valido quienes han querido establecer jerarquías sociales, fomentar conflictos entre grupos, marginar a minorías religiosas, raciales o étnicas, y excluir a colectivos por su nacionalidad, orientación sexual, identidad de género u otras circunstancias. Al referirnos a alguien como "el otro" y no como "uno de nosotros", establecemos una distancia social, relacional, psicológica y emocional que puede facilitar la deshumanización del otro o la otra y, en última instancia, legitimar su exclusión o incluso la violencia contra ellos.

5. ¿Qué es el miedo al extranjero? Es una de las expresiones más claras de la Teoría de la Otredad. Se trata del miedo que se proyecta sobre grupos de personas de otras nacionalidades que conforman colectivos que se perciben como una amenaza a causa de discursos degradantes, discriminatorios y estigmatizantes que se generalizan y normalizan socialmente hasta convertirse en sesgos imperceptibles, inconscientes y cotidianos que condicionan nuestra forma de ver, tratar y relacionarnos con quienes consideramos muy diferentes.

6. ¿Ese miedo recae sobre todas las personas extranjeras? No. El miedo al extranjero no se proyecta sobre cualquier persona de otro país. Se dirige específicamente hacia aquellas personas o colectivos sobre los que se ha construido un discurso que les presenta como peligro y amenaza. Es el caso de las personas en situación de movilidad humana -migrantes y refugiadas, incluyendo a su infancia-, pero también de nacionales de los países de origen de esas personas migrantes que ya residen y trabajan en el país de acogida. Otras personas extranjeras, como turistas, ejecutivos o inversores, no suelen despertar ese temor mientras no sean objeto de ese discurso degradante y estigmatizante.

7. ¿Es el miedo a las personas en situación de movilidad humana una respuesta natural del ser humano o una construcción social? El miedo a las personas migrantes y refugiadas no es un reflejo automático, natural o biológico ante la diferencia, sino el resultado de una construcción social y política selectiva dirigida por lo que se conoce como "cultura del miedo" y encaminada a la consecución de objetivos políticos concretos.

8. ¿Qué es la "cultura del miedo" contra las personas en situación e movilidad humana, personas migrantes y refugiadas? Es un clima social que se instala cuando los discursos que estigmatizan a ciertos grupos se vuelven habituales y aceptados. Estos discursos presentan una visión simplista de la realidad que divide entre "nosotros" y "ellos", entre “buenos” y “malos”, para centrar el foco de la amenaza sobre las personas migrantes y refugiadas. Esta cultura del miedo se alimenta de datos falsos y bulos que, por su simplicidad y porque generan miedo, calan fácilmente en la sociedad y se vuelven virales. Es una construcción impulsada por ciertos actores políticos.

9. ¿Esta "cultura del miedo" es espontánea u organizada? No es espontánea, sino organizada. Muy organizada. Se construye en base a discursos dirigidos, estructurados y muy estudiados que, en muchos casos, provienen de redes internacionales impulsadas y financiadas por partidos de ultraderecha y por intereses económicos afines a esta ideología que aspira a concentrar la riqueza en pocas manos. Utilizan todos los medios de difusión a su alcance y se propagan con rapidez mediante consignas simples y emocionales que calan fácilmente en una sociedad que carece de de instrumentos para protegerse y de herramientas para contrastar, con inmediatez, la información que recibe.

10. ¿Por qué hay actores políticos y partidistas tan interesados en promover la "cultura del miedo"? Porque el miedo es una herramienta política muy eficaz que genera un importante desplazamiento de votos que permite lograr apoyos para medidas restrictivas de derechos que, de otra forma, no se conseguirían. Promover este clima de miedo facilita la movilización electoral hacia la ultraderecha, justifica políticas de control y exclusión, y desvía la atención de problemas estructurales -como la desigualdad, la falta de vivienda, la precariedad laboral o la falta de inversión en servicios públicos- hacia personas extraordinariamente vulnerables, sobre las que se descargan todas las frustraciones colectivas. El miedo se convierte así en un recurso estratégico para ganar apoyos y legitimar decisiones que, en otro contexto, no serían aceptadas.

11. ¿Los discursos de la "cultura del miedo" se limitan a recortar derechos de las personas migrantes y refugiadas? No. Aunque la excusa sea que es necesario restringir derechos a estas personas para eliminar la supuesta amenaza, lo que realmente se legitima, a la larga, es la reducción de derechos en general. La experiencia nos dice que primero se aplican políticas contra la población en situación de movilidad humana para, una vez normalizado ese recorte, extenderlo a la población nacional en beneficio de intereses económicos relacionados con la concentración de la riqueza.

12.- ¿Qué es la Necropolítica? Es una forma de denominar el ejercicio del poder político y económico en el que la dignidad humana queda desplazada por los intereses de mercado. De esta forma son los poderes fácticos -económicos y políticos- quienes deciden qué vidas merecen ser vividas y cuáles no. Se establece, así, el concepto de vidas prescindibles.

14. ¿Qué relación tiene la "cultura del miedo" con la Necropolítica? El miedo al migrante no es un fin en sí mismo, sino el primer paso para normalizar la idea de que hay vidas prescindibles. Una vez aceptado que ciertas personas -las migrantes y refugiadas- pueden ser despojadas de derechos, se abre la puerta para extender esa lógica a la población nacional, progresivamente, en función de los intereses económicos del momento. Es la lógica de los derechos que caen como fichas de dominó: uno detrás de otro.

15. ¿Quiénes son las personas migrantes y refugiadas? Son las personas más vulnerables del planeta tierra. Son personas que se ven forzadas a abandonar su lugar de origen por razones muy diversas: persecución, conflictos armados, violencia, desastres naturales o falta de oportunidades para sostener una vida digna. Para comprender el fenómeno de la movilidad humana entre fronteras, no basta con mirar la situación de emergencia en el momento de la llegada. Es necesario analizar las causas económicas, políticas y sociales estructurales que lo originan, así como la responsabilidad -histórica o actual- que los países de acogida pueden tener en la generación de esas condiciones. Muchas de las crisis que empujan a las personas a migrar tienen raíces en decisiones y políticas adoptadas por gobiernos de países receptores de personas en movimiento en función de intereses de los tecnoligarcas o del capital internacional.

16. ¿Tienen las personas en situación de movilidad humana voz para defenderse de estos discursos? No. Las personas migrantes y refugiadas están excluidas de los espacios de poder y de los medios donde se construyen los discursos que las estigmatizan. No tienen acceso a canales de difusión masiva ni representación política y carecen de cualquier recurso eficaz para responder. Esta asimetría hace tan efectiva la "cultura del miedo" que ataca a quienes no pueden defenderse.

17. ¿Quiénes están obligados a contrarrestar estos discursos que alimentan la “cultura del miedo” contra personas migrantes y refugiadas? En esta lamentable situación en que las personas afectadas directamente no pueden defenderse, contrarrestar estos discursos es responsabilidad de quienes sí tenemos voz y privilegios para hacerlo: juristas, profesionales de la educación, responsables políticos, profesionales de la sanidad, periodistas, deportistas, gente de la cultura… Y por supuesto, también tenemos la civilizada obligación de buscarles sitio en el espacio social para que las personas migrantes y refugiadas puedan tomar la voz y la palabra.

18. ¿Cómo puede protegerse la ciudadanía frente a estos discursos? La primera protección es la información contrastada y el pensamiento crítico. La ciudadanía no puede creerse todo lo que se comparte en redes sociales, debe verificar las fuentes y desconfiar de los mensajes que apelan únicamente al miedo o a la emoción. No debe compartir bulos ni mensajes si son dañinos para las personas más vulnerables. La ciudadanía debe cuestionar los mensajes de fuentes que no conozca y no debe normalizar el lenguaje excluyente. Debemos cuestionar los discursos del miedo en nuestros entornos cotidianos como forma de resistencia democrática.

19. ¿Cómo saber si te encuentras ante un discurso propio de la "cultura del miedo"? Si el linchamiento es contra los más desfavorecidos, ahí lo tienes. Si la razón que te ofrecen es excluyente y sacrifica otras realidades, ahí está. Si el mensaje te seduce por su simplicidad, si te ofrece una aparente sensación de seguridad que te aleja de la empatía y te ancla en esquemas rígidos y actitudes inflexibles, ahí es.

20. ¿Estos discursos de miedo pueden convertir a la ciudadanía en racista? Si. El miedo exacerbado a las personas migrantes y refugiadas es contrario a la naturaleza bondadosa y empática del ser humano. Cuando el miedo se instala y se normaliza, puede acabar generando rechazo, desconfianza y, finalmente, actitudes racistas hacia quienes antes solo eran vistos como personas en situación de vulnerabilidad.

21. ¿Qué hacer si descubrimos en nosotros actitudes racistas o alguien de nuestro entorno nos las señala? No se trata de alarmarse, sino de prestar atención. Si alguien te señala una actitud racista, no lo tomes como un ataque, sino como una oportunidad para revisar y aprender. El racismo genera mucho daño y revisarlo disminuye el sufrimiento ajeno. Reconocer nuestro racismo -que es socialmente heredado- nos convierte en personas conscientes en constante mejora y evolución. La pregunta no es anclarse en una pregunta de máximo "¿soy racista?", sino entrar en la acción cívica y demócrata "¿qué hago con lo que ahora sé?".

22. ¿Qué relación hay entre la “cultura del miedo”, el racismo y el fascismo? La “cultura del miedo” es el combustible, el racismo es el motor y el fascismo es el destino. Los políticos de ultraderecha lo saben y lo utilizan con precisión. Se construye un discurso fácil, machaconamente repetido, que vincula la inseguridad y la escasez con la migración. Este relato, repetido hasta la saciedad, termina por no poder rebatirse ni con datos, porque ya no se instala en la razón, sino en la emoción. Cuando la sensación de inseguridad se pega a la piel en forma de emoción que no necesita ser masticada, solo se necesita un líder que prometa mano dura, protección y seguridad. Bien lo saben los fascismos; necesitan del miedo para crecer, del racismo para señalar al enemigo y de la promesa de orden para justificar la reducción en garantías democráticas y el recorte en derechos fundamentales.

23. ¿Qué es el miedo natural, cívico y democrático y cómo se aborda políticamente? El miedo natural es aquel que carece de artificio detrás que lo explote de forma interesada. Es la emoción que responde a un peligro real o imaginado, pero sentido como inminente. No es solo el que nos ha hecho avanzar como especie; es también el miedo cívico, el que ha servido de motor a la democracia. El miedo bien entendido es un motor de avance: nos impulsa a adelantarnos a los problemas y a colectivizar soluciones en el marco de una sociedad democrática.

Este miedo no debe ser silenciado pero tampoco explotado. Debe ser abordado política y democráticamente. El miedo cívico y democrático es aquel que se reconoce, se nombra y se transforma en acción política responsable. No es un miedo que paraliza, sino que moviliza hacia la búsqueda de soluciones. Se aborda desde el debate sobre las políticas públicas y el análisis responsable sobre las causas reales de la inseguridad -vivienda, empleo, sanidad, educación…-, con diálogo social que incluya a todas las partes, con información veraz que desmonte bulos y con acompañamiento institucional en espacios inclusivos.

Frente al miedo natural, hay que ofrecer respuestas democráticas, no autoritarias. Así se evita que ese miedo legítimo sea secuestrado por discursos que ofrecen soluciones simples y excluyentes.

24. ¿Qué papel juegan las malas condiciones de acogida en ese proceso? Las malas condiciones en la acogida juegan un papel central que no es casual. La denegación de prestaciones sociales, el maltrato institucional, la negativa de algunas comunidades autónomas a acoger a menores migrantes y el aislamiento en territorios como nuestras ciudades autónomas o las islas dificultan gravemente su inserción y generan problemas de convivencia hacinada. Estos problemas no son un accidente: son buscados. Quienes los provocan saben que, al crear condiciones de hacinamiento, desatención y exclusión, generarán conflictos que luego usarán como bandera para alimentar más miedo y más racismo. Se crea así un círculo vicioso: se niegan recursos, se genera tensión, y esa tensión se utiliza para justificar más rechazo.

25. ¿Qué está en juego con la “cultura del miedo”? La calidad en nuestra convivencia y la propia existencia de nuestra democracia está en juego con esta “cultura del miedo”. Ya se nota en la agresividad del debate y en la rebaja de los estándares de la consideración de la dignidad humana y la protección de los derechos fundamentales.

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Infancia migrante en España. 25 preguntas y respuestas rápidas para salir de dudas.